LA EXISTENCIA DE PAPA
Y yo pensé: Ay, porqué me dice esto! No es justo que me diga esto. Que puedo hacer que tenga algún sentido? Pensé muchos minutos mas, en silencio acariciándole las manos.
Le di torta.
¿Esta rica? Pregunté, intentando que existiera. ¡ Riquísima! me contestó, existiendo.
Y al rato cuando me recuperé de la impotencia le dije que no me gustaba lo que había dicho. Que el sí existía. Que estaba presente en todo aquello que había construido, en sus obras, en sus cuidados, en el recuerdo de todos nosotros que lo queríamos y pensábamos en el. Y enseguida me di cuenta que le estaba trayendo recuerdos de el mismo. Que estábamos recordando juntos la época en que el existía. Le estaba hablando de él en pasado. Hablando de los recuerdos que había dejado antes de irse a no existir. El nudo en la garganta en el camino de vuelta me confirmaba que era inútil volver. No iba a volver.
Ayer me animé a bajar en el hogar. Papá otra vez estaba acostado. En cierta forma me alivió saberlo. Por las mismas razones que a mi, no le gustan las escenas del entorno. Hay una nueva paciente que repite una palabra o un nombre durante todo el día sin parar ni un instante. Tiene un bidón de oxígeno colgando de su silla. Lo aprovecha bien. Después de un rato, a pesar de que no grita, aturde. Alguien se baja los pantalones . A papá debe enojarlo mucho eso. La mayoría dormitan con su brazo sobre la mesa. Los otros pacientes van y vienen sin objeto alguno.
Apenas me paré al lado de la cama, papá dijo: Hola chiquitita!!! Y luego abrió los ojos (en ese orden). Charlé un poco del clima. De mamá que todavía no camina bien y se olvida de todo. Se reía de eso. No quiso las facturas que le traje. Saqué una crema con olor a vainilla de mi cartera y le puse en las manos acariciándolas. Le gustó mucho el perfume y me lo dijo. Mientras tanto pensaba que ofrecerle o decirle para pasar el tiempo. Saqué de mi cartera una ampliación casera de una foto de mamá y mía. Se emocionó mucho al verla. Se la dejé sobre la mesa de luz, apoyada contra la pared. Tal vez la vea cada vez que se acueste. Tal vez alguien la tire. Se me ocurrió poner música en el celu. Tuve éxito! Se reía y se admiraba de lo linda que era. Me animé después del primer tema a sacar los auriculares. Tenía unas cuantas canciones del Duo Salteño. Se reía y escuchaba. De vez en cuando comentaba que era hermosa la música. Su rostro se llenaba de gestos acompañando lo que escuchaba. Mientras tanto yo acariciaba sus manos que estaban limpias y blancas. Siempre me gustaron sus manos.
Pasaron 3 o 4 canciones. Fui por mas y le puse a Charly García. Le gustó. Y entonces me jugué con thriller de Michael Jackson. Se asustó un poco con los sonidos del principio. Se puso serio, apretó mis manos y me pidió que no lo suelte. Igual igual a un niño chiquito Ja! Cuando empezó el ritmo se reía a carcajadas y se divertía. “No se donde estoy pero es lindo”, dijo. Yo sentía que hoy mi papá existía y que yo había podido darle algo que realmente lo hizo dar un paseo por un lugar mejor que la larga espera en la que vive la mayor parte del tiempo. Volví a las zambas mas tranquilas. Lo hice levantar para darle de comer. Después se recostó nuevamente y se durmió, escuchando la última canción del domingo de Pascuas
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