UN TRABAJO BIEN HECHO
Hace mucho que cambiaste, para no ser nunca más el mismo.
Cuatro años nos dolieron tus dolores, nos indignó tu paso por todas las formas
de despojo, que te dejaron casi sin
nada, que te sacaron una a una aquellas cosas que, suponemos, nos hacen sentir
dignos seres humanos.
Cuando no estaba con vos, trataba de olvidarte, un poco para
esquivar la inevitable culpa de no poder acompañarte y otro poco para no
enfrentar mi impotencia.
La prisión de tu enfermedad solo te dejaba soltar tu ternura
en una sonrisa, o te permitía decir un firme “si” o “no”. Todo lo demás eran intentos
fallidos, miedo y vuelos de tu mente para vencer tu realidad y también al tiempo que se
empeñaba en tenerte atrapado.
Ahora que la muerte finalmente llegó, estás mucho más
presente. Volviste en cada cosa que me enseñaste, que me dijiste, que me diste
en las distintas formas en que puede darse el amor.
La muerte transformó tu existencia en algo más importante
para mí. Te descubro en muchas de mis acciones, me descubro repitiendo tus palabras, imitándote o
siguiendo tu ejemplo.
Te encuentro en cualquier momento, cuando sonrío para el
costado y aunque no me estoy viendo, sé que estás ahí, que estás en mí.
Cuando preparo el puré, lo piso más que antes, como lo pisabas vos para hacernos una
calesita.
Hoy cuando les saco fotos a mis hijas, las imagino mirándolas en un futuro cuando ya me haya ido. Como hago yo ahora, con esas imágenes que con tanto esmero nos dejaste, de esos
días en que estabas conmigo.
El tiempo puso lejos aquellos días en que cambiaste, pero hay un
momento de esos tiempos que se vuelve cada vez más grande en mí: Caminabas
guiado por mis manos, como un nene y de golpe te detuviste. Me miraste a los
ojos y dijiste con lágrimas, “perdón hija”. No pudiste decirme porqué me lo
pedías y entonces, desconcertada, te abracé, te conté que nada había que
perdonar, que fuiste un lindo papá que nos dio su amor en la mejor forma que
pudo y que te quería con toda el alma. Y creo que ahí sí pudiste comenzar a
irte, porque a pesar de los cambios, ahora lo veo, seguías siendo vos y necesitabas saber, papá, perfeccionista incorregíble, que el trabajo
estaba bien hecho.
Comentarios
Publicar un comentario