Sorprendentes Consecuencias de la Lectura
Saber que haría cuando
llegase al borde de la página se volvió toda una intriga para la quietud de mi
tarde. Se detuvo exactamente en el borde, y parecía mirar hacia el precipicio
de pasto que se extendía allá abajo, hasta dónde alcanzaban sus ojitos. En
realidad no estoy segura hacia donde miraba y tampoco si tenía ojitos.
La bolita se veía
preciosa reflejando los rayos de luz. Esperó tranquilamente varios segundos o
quizá un minuto, indiferente a mi inquietud, porque a esta altura de media
página de largo yo había desarrollado una especie de empatía, deseando que el
episodio termine bien y la bolita no cometiera un error fatal.
Pero empezó a caminar
exactamente por el filo de la hoja, en una actitud suicida totalmente
innecesaria. A ella le parecería divertido o tal vez era joven e inconsciente, pero
a mí me hizo fruncir la nariz con temor. Paraba y seguía unos centímetros y en
un colmo de audacia, giró sobre sí misma y volvió sobre sus pasos con agilidad.
Se detuvo una vez más,
dos… tres segundos y ante mi sorpresa, extendió cuatro alitas transparentes y
voló como si tal cosa, dejándome una sonrisa y como media docena de moralejas
inútiles y algunas que podría aplicar en esta linda vida que Dios me dio.
Queda confirmado: La lectura
es una costumbre que alimenta el alma.
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